Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), adoptados por todos los Estados miembros de las Naciones Unidas en 2015 para el año 2030, pretenden poner fin a la pobreza, proteger el planeta y lograr la prosperidad para todos, reuniendo a responsables políticos, académicos, profesionales y, en nuestro caso, a todas las demás partes interesadas e individuos del turismo, proporcionando directrices políticas y de compromiso estratégico.
El turismo y los viajes son un sector de gran crecimiento en la economía mundial, por lo que es pertinente examinar las conexiones entre esta industria y los ODS, tanto para los países en desarrollo, sede habitual de los destinos turísticos, como para los países desarrollados, principal fuente de viajeros emisores.
Esta industria tiene un doble impacto, tanto positivo, a través del desarrollo económico y el intercambio cultural, que ha permitido a muchas regiones alcanzar niveles de bienestar nunca vistos, como negativo, sobre el entorno natural y, en ocasiones, por la aparición de un monocultivo económico que concentra riesgos en exceso.
Como dijo el investigador de la contaminación y el cambio climático Mike Berners-Lee, «no hay planeta B», por lo que abordar la sostenibilidad en los viajes ya no es una opción. Afortunadamente, gracias a los ODS, disponemos de una hoja de ruta para la transformación del modelo de negocio turístico, que nos aleja del formato de economía lineal y anula o compensa suficientemente la generación de gases de efecto invernadero como consecuencia de ello.
Hoy en día, los ODS son aplicables y alcanzables en diversos grados; sin embargo, existen problemas y obstáculos que pueden impedir su plena aplicación. A pesar de los avances logrados recientemente, parece poco realista suponer que se alcanzarán colectivamente para 2030, e incluso puede haber retrocesos en algunos de ellos. Los principales obstáculos sistémicos son la disponibilidad y fiabilidad de los datos, la falta de voluntad política, la lentitud de los avances políticos, la inadecuación de los mecanismos y el acceso a los recursos financieros disponibles. A todo ello se suma, en el caso del turismo, la falta de normas técnicas universales, lo que provoca la dispersión de esfuerzos y trabajos en este ámbito.
Pero todo esto, lejos de desanimarnos, debería ser todo lo contrario. Cada vez que una organización o empresa pone en marcha una medida positiva, cada vez que la presión social empuja a un legislador a regular de forma coherente con los ODS, cada vez que como consumidores optamos por ofertas que consideran que los recursos no son infinitos, estamos un paso más cerca de alcanzar los objetivos adoptados por Naciones Unidas para 2030. Más importante que alcanzar la meta en esa fecha es conseguir poner en marcha un cambio consistente que lleve al mundo en esa dirección.
Por nuestra parte, en Ávoris Corporación Empresarial hemos puesto en marcha un ambicioso plan de transformación que, junto a destacadas firmas de asesoramiento, y con la premisa de reducir, compensar y crear impacto positivo, se concreta en un primer trienio de objetivos centrados en los ODS 12, 13 y 17, con los ODS 14 y 15 como complementarios.
En conclusión, se trata de adoptar una visión que nos permita pasar el testigo de un mundo habitable a las generaciones futuras a través de acciones grandes y pequeñas, para lo que los ODS son una magnífica hoja de ruta.
Seguridad en la palma de la mano